sábado, 30 de junio de 2007

Pesadillas


A veces los amigos son necesarios para soltar un par de risotadas, para chocar las copas y solo a veces para canalizar un par lágrimas. Mi mano es testigo de una intensa tarde de naipes y música en un lugar que casi había olvidado por completo. Muchos encuentros casualmente programados y muchas caras nuevas del pasado mezcladas con caras nuevas del futuro. Es incierto escribir sobre cosas que tienen una base tan sólida como arena movediza pero también es cierto que sana escribir con la sangre de las heridas abiertas para cerrarlas de una vez. La vista del pasado es un puñal que se clava profundo con esas miradas insinuantes de las pinturas dibujadas con un click sobre los pixeles pero hay que ser valiente para enfrentar de cara la soledad y la nostalgia de un pasado próspero y fértil, de latidos alegres y de sonrisas por toneladas. Duele caminar las mismas aceras, sean nativas o extranjeras, duele un paso mas que el otro, de esos que traen los recuerdos a la mente y los alejan de reflejo a punta de fármacos y maldiciones.

Volver a la raíz del problema y ver amanecer tras el mismo cristal que oscurecía aquellos besos que colgaban de mi corbata es la terápia de choque que elegí para esta noche. Tuve hombros, orejas y manos para esconderme pero decidí enfrentarlos como hombre. Vi morir mi seudónimo ante mis ojos y creo que jamás volverá a renacer desde el fuego de mi corazón. La chispa adecuada duerme en otro colchón distinto y con los sesos lejos de los mios, los corazones laten distantes. Así es la vida. Amarga, ingrata y dura. Cuesta despertar de las pesadillas sin jadear. A veces no quisiera despertar...

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